domingo, 11 de febrero de 2018

Hoy tempestad


El color del cielo era espectacular. Variaba del azul oscuro al púrpura intenso. Las nubes se elevaban impresionantes, como enormes macizos rocosos.

El silencio se hizo, animales y personas parecieron callar ¿Acaso escuchaban?. Y a lo lejos, poco a poco comienzan a sonar los primeros truenos. Rugidos de dragón más bien parecían.

La brisa se fue levantando. Las primeras hojas a volar como tratando de huir ya. Los truenos en aumento. La campana del porche comenzó a sonar. Algún campesino se afana a regresar a su casa, conocedor por su experiencia de lo que está por suceder. Al fin y al cabo, se dice que los agricultores son los mejores meteorólogos.

El día se convierte en noche en pocos minutos, el aire cambia a fresco y aumenta su intensidad. Los truenos están ya cerca. Caen las primeras gotas. No se trata de una lluvia fina. Sino pocos y grandes goterones, como si estuviese a punto de abrirse el grifo de los cielos.

Un rayo impacta en el suelo, los caballos dan coces, el viento arrecia con fuerza y de pronto la lluvia se convierte en una cortina de agua. La tormenta está servida.

30/10/2017

domingo, 4 de febrero de 2018

Muñeca de porcelana



Pegó su rostro al cristal. Allí estaba esa muñeca de porcelana que tanto deseaba. La que le había pedido a su madre en repetidas ocasiones. Pero que siempre le daba alguna excusa para no comprarla.

Todas las que había tenido hasta ahora eran de trapo, remendadas una y mil veces. Les tenía cariño, pero si conseguía aquella muñeca del escaparate sería "la mamá" de todas las muñecas. Y ella, la niña más feliz del barrio.

Pasaban las estaciones y la muñeca seguía allí. Pero la suerte no dura para siempre y un buen día la muñeca desapareció del escaparate. Se dio cuenta entonces, que haber podido visitarla, casi la había convertido en suya. Y ahora… volvió llorando a su casa.

Tal era el desconsuelo que su madre le preguntó que le pasaba. La niña le contó el motivo. Apenas cenó, no tenía hambre y la llorera prosiguió hasta la hora de irse a la cama y más allá, robándole horas al sueño. 

Ni la madre podía dormir. Encendió la luz de la habitación de su hija - Pero cielo… - Le dijo con cariño - Es solo un objeto. Algún día comprenderás que lo importante son los gestos y las personas – La niña la miró confusa. La madre sonrió y le mostró lo que escondía su mano detrás de la espalda – Anda, toma, te lo iba a dar el día de tu cumpleaños, pero ya veo que no puedes esperar – Y allí estaba la muñeca, la del escaparate. La niña que se quedó sin aliento se abrazó fuerte al cuello de su madre.

Al final, esa noche, y la de muchos años más, durmió con su muñeca de porcelana en la cama.

17/10/2017

domingo, 28 de enero de 2018

Esfuerzo


El viento silbaba al contacto con los árboles y la roca, mientras gotas de sudor perlaban su frente. Su rostro estaba fruncido por el esfuerzo, pero por dentro estaba feliz. Una vez más lo estaba logrando. ¡Estaba alcanzando la cima!

Había que ir con cuidado. Mano, mano, pie, pie, mano, mano… Y la pesada carga a la espalda.

Se respiraba tan bien aquí. Los logros, los retos.

Se secó el sudor con la manga de la camisa, no podía permitirse que se le enturbiara la visión. Una piedra más, una roca más… Ya casi, ya casi…

Había sido duro, pero estar tan cerca le despeja a uno la mente. ¿Qué es la vida sino superar cada  uno de los retos?

Paró, necesitaba tomar aire. Primero aire, luego agua. Es lo que le pide el cuerpo.

Dosificar las energías, sin prisa pero sin pausa. Hay que seguir, hay que seguir. Ahí adelante parece haber... ¿Se acaba? ¿Es el collado? A partir de ahí será pan comido.

La carga, no se le olvida la carga, sigue el ascenso. Solo queda la parte final. Llega a lo alto y sonríe. Lo ha conseguido. Pero apenas tiene tiempo de disfrutar de la victoria. De pronto todo se vuelve borroso, las imágenes giran a su alrededor como un tornado. Cuando todo se aclara descubre que se encuentra de nuevo al pie de la montaña. Pone los ojos en blanco, baja los hombros con resignación y trata de animarse a si mismo - Una vez más, Sísifo… 

11/10/2017

domingo, 14 de enero de 2018

Tesoro


El niño jugaba con la pequeña pala de plástico hasta que topó con algo duro. Supo de inmediato que no se trataba de una piedra, el sonido fue metálico.

Intrigado, cavó en la tierra alrededor de aquel objeto. Intentó tirar de él, pero o era muy pesado o seguía muy enterrado. Finalmente cuando tres cuartas partes estaban al aire, se movió.

Era una caja rectangular, plateada, como un pequeño cofre de unos treinta centímetros. Miró en dirección a la cocina ¿Debía de decírselo a mamá? Arrugó el ceño y decidió que no. Al fin y al cabo, los piratas cuando encuentran un tesoro ¿Se lo dicen a sus madres?

Abrió una pestaña, la movió en una dirección… nada. La movió en la otra… “Dump” la tapa se abrió ligeramente. Sus dedos volaron a abrirla de par en par.

Vaya, no había monedas de oro. Pero no estaba vacía. Había una cajita de madera y una nota escrita. El niño estaba aún aprendiendo a leer y la nota parecía complicada. Pero al ver lo que ponía al final, abrió los ojos como platos. Agarró el pequeño cofre y corrió en dirección a la casa - ¡Mamá, mamá! Mira lo que he encontrado ¡Y pone mi nombre!

La mujer, se limpió las manos en el trapo de cocina y atendió a su hijo - ¿Qué dices? ¿Pero que traes ahí?

En niño muy emocionado responde – ¡Estaba enterrado en el jardín y tiene mi nombre!

No muy convencida del todo, la mujer agarró la caja y la dejó en la mesa de la cocina. Agarró la nota y la leyó. Sus ojos se inundaron de lágrimas para desconcierto de su hijo – Mamá ¿Porqué lloras?

- Lo había olvidado… - Dijo su madre y se sentó en la silla – El nombre… - Tomó aire y se limpio las lágrimas – El nombre es el de tu padre, tiene tu mismo apellido. Pero eso ya lo sabías ¿No?

- ¿De papá? - Dijo el niño. Su padre había sido una historia, nunca llegó a conocerlo en persona, su madre le dijo que se había ido al cielo antes de que él naciera.

- Cuando compramos esta casa – Continuó su madre – Enterramos esta cápsula del tiempo, con nuestros buenos deseos para el futuro – Sus ojos repararon en la pequeña cajita de madera, la abrió. Allí había un pequeño colgante. Bueno, en realidad eran dos, dos mitades de un mismo corazón. Lo miró y sonrió al saber que tenía que hacer - ¿Quieres llevar uno? Mamá llevará el otro

El niño asintió con la cabeza. Su madre buscó una cadenita y se la colgó del cuello. Se le veía muy feliz sabedor de que había encontrado algo muy importante, a veces hay tesoros mucho mejores que las monedas de oro.

04/10/2017

domingo, 7 de enero de 2018

Un día de furia



Sucedió todo muy rápido. Con las prisas a la entrada de la boca del metro, un leve empujón producido por la masificación de gente y el poco espacio. Todos quieren pasar con rapidez para no perder el metro.

- ¡Oye mira por donde andas! - Protestó la chica

- Lo siento, las prisas… - respondió él con ganas de desaparecer de allí cuanto antes.

- ¡Cabrón! - Ella no había tenido suficiente y necesitaba desfogarse

- ¡¿Perdona?! - Se detiene el el seco y se encara a ella – El insulto sobra ¿Vale? Te puedo denunciar por eso…

La chica tenía ganas de guerra – ¡¿Ah si?! ¿Y lo vas a hacer? No tienes cojones – Le espeta.

Él se pone hecho una furia, sabe que pegar a parte de que está mal, sería un grave error. La agarra del brazo y se la lleva consigo. Unos metros más allá había visto un agente – Disculpe, quiero denunciarla me ha insultado.

La chica se pone a llorar desconsolada – Me ha… me ha tocado una teta… Yo estaba tan tranquila y me toco… - dice entre pucheros.

Él se pone blanco. Sabe que, diga lo que diga, tiene la batalla perdida.

28/09/2017

domingo, 24 de diciembre de 2017

Navidad



Era uno de los mejores días del año. El día en el que te daban los regalos y podías ver a los primos, a los tíos y a los abuelos. En toda la casa aquel delicioso olor. Y es que como el puchero de la yaya no había ninguno.

Los mayores preparaban la mesa. Y los niños nos enseñábamos los regalos. Una vez jugamos a las carreras de coches, otra vez nos pusimos a examinar cosas en un microscópio… También había que hacerle un poco de caso al yayo, que el pobre padecía parálisis desde que sufrió años atrás una trombosis. Solo había que mirarle a los ojos para saber que comprendía lo que ocurría a su alrededor, aunque nosotros no siempre podíamos entender sus palabras.

Tocaba la comida, abundante y riquísima, con las nueces y turrones de postre. Todo amenizado con la película de turno de regreso al futuro. Con charlas y aún más, pues faltaba las estrenas. No diré que no daban una buena alegría. Pero si que ahora sé, que eso es lo de menos. Cuanto extraño aquel día de navidad, con sus risas, jolgorio y besos.

25/09/2017

domingo, 17 de diciembre de 2017

Interjecciones artísticas


- Ummm – Dijo con las manos en la espalda, mientras miraba el cuadro en la galería.

Inmediatamente se acercó otro señor – Ajá… -  Una de sus manos fue a la barbilla, mientras asentía con la cabeza

La tercera persona no tardó en acudir. Y como dice la frase: ya formaron multitud. - Uf – Exclamó impresionado.

Ya casi toda la gente de la exposición se congregaba delante de la obra. Entonces hizo acto de presencia el pintor, que se acercó alarmado por lo que vio - ¡Eeeh! - Sacó un pañuelo que agitó en el aire. En ese momento, la cucaracha por fin salió del lienzo y correteó buscando refugio por otros lares. El bichito, por un momento había sido parte integrante de una obra de arte.

19/09/2017