sábado, 19 de agosto de 2017

Estación de paso



Bueno, ando de regreso de a poco. Tenía mono de actualizar mi blog, así que adelanté mi entrada. Tengo ganas de escribir, de crear historias, las vacaciones me están cargando las pilas. 

Estación de paso

Llegó a la estación un tren que lo dejó con la boca abierta. Verde oscuro, con una franja amarilla que lo cruzaba por la mitad. Hacía décadas que no veía uno así. Además era precioso, estaba tan cuidado que parecía nuevo.

Subió y siguió disfrutando. Tenía una sensación de retorno a la infancia. Con aquellos asientos de cuero marrón, las plataformas en medio de los vagones, las ventanillas que se podían bajar...

Recordó cuando se podía fumar en ellos. Era bastante molesto pero formaba parte de aquello ¡Hasta en los reposa brazos había un cenicero!

Tomó asiento y sintió crujir el cuero bajo su trasero. Al poco, una extraña mujer se sentó enfrente.

- ¿Impresionado? - Le dijo

Por un momento dudó si le preguntaba a él, pero claro, allí no había nadie más – La verdad es que si ¿Usted ya sabía que iba a venir uno de estos? - Le comentó refiriéndose al tren.

La mujer esbozó una sonrisa y asintió con la cabeza – Claro, hemos hecho todo esto pensando en usted

- ¿Perdón? - Preguntó confundido.

- Lamento que tenga que enterarse así, pero normalmente buscamos un recuerdo agradable y tranquilizador en la memoria del fallecido para su marcha al más allá -

09/12/2016

Fuente imagen: https://www.trenvista.net/videos/de-espana/page/2/

domingo, 16 de julio de 2017

Primera visita con mi forense


No es cierto que la vida se apague al detenerse el corazón. Pero tampoco hay túnel, ni hay luz al fondo, y por desgracia tampoco angelitos que te lleven a las puertas de San Pedro.

Solo hay... paz, calma. Es como ver el mundo a través de un cristal empañado. El espíritu o alma, flota a unos centímetros del cuerpo, eso si lo acertaron algunos. ¿Y ahora? Pues no ha mucho que hacer, solo contemplar lo que sucede. 

Recuerdo mis últimos días, el estress, los dolores de cabeza ¡Qué ganas de complicarse la vida? ¿Todo para esto? Para qué… eh… ¿Qué sucedió? Sé que iba por la calle, con mi maletín, con las prisas y el café ardiendo aún en la garganta. De pronto una mano con pañuelo, cubrieron mi boca y nariz. Luego ya nada, hasta ahora.

Escucho la puerta. Una luz se enciende. Entra un señor con una bata blanca ¿Un medico? No… debe de ser el forense. Ah. Tal vez él me pueda aclarar lo sucedido, voy a prestar atención a ver si me entero.

Retira la sábana, mi cuerpo queda descubierto. Por Dios, se me ve todo, que me cubran un poco… En fin, la pérdida de dignidad que uno tiene que aguantar. Coge una herramienta ¿Eso es una sierra? ¡Está loco! ¿No irá a hacer…? ¡Oh no! ¡No puedo mirar! Creo que voy a…

Uff, menos mal que ya no tengo estómago. Prácticamente me ha abierto en dos. Ahora coge una pinzas y algo parecido a un bisturí. Corta algo.

- Aquí está -

¿Qué? ¿Qué es lo que está?

- Lo que cuesta encontrar unos riñones sanos. Cincuenta mil por cada uno. Cien mil por el corazón. Je, je, je con este incauto me voy a forrar, mereció la pena el riesgo de cargárselo

¡No es un forense! ¡Es… mi asesino! ¡¡Es mi asesino!!

12/07/2017

Este es el fruto de aceptar el reto de mi amiga que se autodenomina "guadiana" jajaja Bueno, espero que el resultado sea digno :) Aprovecho para comentar que bajo la persiana del blog hasta finales de agosto o principios de septiembre. Una pausa necesitada para ver si refresco ideas, despejo mente y bueno, disfruto un poco. ¡Feliz verano a todos! :D

Fuente imagen: https://spanish.alibaba.com/product-detail/led-operation-theater-ceiling-lights-operated-led-ceiling-light-led-operation-theatre-light-60199962240.html

domingo, 9 de julio de 2017

Desconocidos


Se decidió a ir a aquel encuentro con desconocidos. Tal vez era una salida a la soledad. Ya se sabe, gente por las calles, gente por todas partes… pero al mismo tiempo cuanta soledad.

Desde el primer momento sintió que allí no encajaba. Uno que parecía muy gamberro otro que parecía un bicho raro, muy refinado. Entonces llegaron las mujeres y la situación en vez de mejorar empeoró aún más. Moscones y Don Juanes lanzados a la conquista y las mujeres se dejaban adorar. 

El ambiente entre risas, distaba mucho de ser agradable, era más bien era agresivo. La noche se fue prolongando y las mujeres dieron largas a todos, hasta los que creían que iban a triunfar. Pero de todos ellos nadie regresó a casa, yo los libré de su soledad y sufrimiento. Ahora hacen compañía a las flores del cementerio.

05/12/2016

domingo, 2 de julio de 2017

Vecinos V y último.


La vida no es una rueda. La vida es una espiral que gira cada vez más rápido, hasta que acabas en el hoyo. Es por ello, que hay que aprovechar las cosas buenas que te ofrece la vida, y a veces, las mejores vienen como por casualidad.

Descubrir a Charlotte fue una de esas cosas. Podría haberme mudado a otro piso, o podríamos habernos mantenido como vecinos distantes. Pero la chispa había saltado, el pequeño milagro había ocurrido. Y desde entonces nuestros encuentros se volvieron frecuentes, pero casi como casuales. Lo bueno es que no había nada pactado o forzado. Las cosas fluían.

Con cierta frecuencia compartimos piso. Ya no sé donde tengo la ropa. Que si los calzoncillos están en el suyo, los pantalones en el mío. Sonrío al ver aparecer un sujetador debajo de mi cama o cuando se vuelve a su piso vestida con una de mis camisetas.

Pero lo que no me pasó desapercibido ni confuso, fueron “aquellos” calzoncillos. Al verlos supe de inmediato que eran mi famosa prenda desaparecida. Mientras ataba cabos en mi cabeza la miré. Ella bajó la vista… ¿Ruborizada? Me hizo tanta gracia y la vi tan mona, que en ese momento me di cuenta de lo que sentía por ella. Pero la pregunta era ¿Charlotte sentiría lo mismo? Lo dudaba, no daba muestras de ello.

Una mañana me llamó para desayunar. Hizo aquel gesto de recogerse el pelo que alzaba sus puntiagudos pechos al cielo. Ese gesto que marcaba sus pezones a través de su ropa. De una camiseta que rezaba “Puedo satisfacer todos sus vicios” – Joder… - Murmuré ante dicha visión y acudí raudo a su encuentro.

Besos, caricias, pero sobretodo miradas cómplices. Me propuso un plan y pensé “Mierda, justo esta tarde” Puse una excusa. Estar con ella estaba bien, pero me sentía emocionado con lo que había pensado hacer. Tiempo habría para ir a una exposición de esas. Por contra le dije de quedar esta noche, cuando ya estaría libre, y esta vez fue ella la que rechazó. En fin, resignación.

Horas más tarde, en el centro comercial, cuando iba a recoger lo que había encargado, me quedé pensando. ¿Se habría decepcionado cuando le dije que no podía? Me hubiese gustado verle la cara cuando abriese el paquete, pero tuve uno de mis impulsos y le mandé una foto con lo que le iba a comprar, antes de que lo envolvieran.


domingo, 25 de junio de 2017

Vecinos IV


Escuché los pasos que indicaban que volvía a entrar en la habitación y con ellos un olor a café. Me arrebujé de nuevo en las sábanas. Me encontraba de lado por lo que le daba la espalda. Aún debía de quedar ese espacio libre por donde me había pellizcado el trasero, un punto débil en la solida defensa que me ofrecía la ropa de cama.

Estaba de lado por lo que no le vi la cara. Pero sentí su peso hundir el colchón y su calor cuando se pegó a mi espalda. Mis ojos se entornaron y traté de mirar por el rabillo del ojo, pero no alcancé a verlo bien.

Entonces me digo aquello y sonreí cómplice. Me sentía temerosa y al mismo tiempo dichosa. Curiosa mezcla. Sentí sus labios acariciar mi cuello. Entrecerré más mis ojos, mis defensas se estaban desmoronando.

Por alguna razón me acordé de sus calzoncillos, los que no le devolví. Ahora serían un trofeo… un trofeo robado. Una de sus manos se encargó de devolverme al presente, estaba tratando de averiguar, con la mano, mi talla de sujetador. Me removí nerviosa. Y por fin me di media vuelta para mirarlo a los ojos.

Traté de poner cara seria, ligeramente enojada. Él se asustó un poco por mi reacción pero entonces no pude más y me entró la risa tonta. Me estiré sobre la cama como una gata y mis brazos se enroscaron en torno a su cuello. Busqué su boca y lo besé. Me acordé de su sabor de anoche, ahora con menos alcohol y más… “él”. Lo miré y le hice un par de caídas de pestañas. Reí de nuevo, había dejado atrás aquel temor. Prefería tener la sartén por el mango, literal y figuradamente.

Me mordí el labio y lo empujé para terminar encima de él. A horcajadas. Miré a su entrepierna, lo miré a él levantando una ceja. Comencé a frotarme, provocándolo para ver hasta donde era capaz de llegar. Y como no, reaccionó. En sus brazos me podía manejar con facilidad. Quedé de nuevo debajo, se colocó entre mis piernas y no tardé en sentirlo dentro.

Me agarré a sus hombros y un gemido se escapó de mi boca. Al mismo tiempo una especie de silbido se escuchó a lo lejos. Dijo algo de la cafetera, a lo que le repliqué – Ni se te ocurra parar ahora – Y… no me decepcionó.

Él – pinchar aquí -

Junio 2017

domingo, 18 de junio de 2017

Vecinos III



Leer a ella primero... -pinchar aquí-

Me miró un poco raro, de reojo mientras pasó junto a mi. Sonreí al percibir su decisión al entrar en mi casa, aunque me pareció notarla temblar. Mientras yo cerraba la puerta, ella se descalzó e inspeccionó el salón con la mirada. Prácticamente con la única luz del televisor. Será mejor darle de beber antes de que se dé cuenta del desastre que soy, pensé antes de decir – ¿Te pongo una copa ?

Ni esperé respuesta, fui a la cocina a por otro vaso. El instinto me llevó a mirar a la ventana de mi vecina, ahora a oscuras, su propietaria ahora estaba en mi casa. Desde aquí recordé sus pechos desnudos, recordé... Escuché que me llamaba - ¡Voy! 

Pasé fugazmente por el baño, y me puse colonia de la buena en abundancia. A ver si así compensaba un poco, el hecho de que no me hubiese preparado para la ocasión. Volví al salón y en nuestros gaznates cayeron algunas copas más. Al cabo de unas horas, me comenzaba a notar espeso y no quise tomar más. Ella se tomó aún otra. 

Ninguno de los dos le hacía caso al televisor. Me consideraba con facilidad para llevar la iniciativa en la conversación, y es por ello, que sin que se diese cuenta, comenzamos a hablar de temas íntimos, picantes. La finalidad estaba clara, aumentar su libido.

La chica resultó ser maja, pero sobretodo estaba buena. Acabamos sentados en el suelo, ella en postura un tanto indecorosa, pero no me iba a quejar. Ansiaba poder acariciar con mis dedos, lo que de tanto en tanto acariciaba con la mirada.

Aproveché un momento de risas, con una de mis exageraciones, para sellar sus labios con un beso. Era el momento crucial, donde te abofetean o triunfas. No percibí el latigazo en mi mejilla así que o estaba anestesiado por la bebida o… Si, sentí en mi boca un gemido ahogado. Esto ya no había quien lo parase.

Mis manos recorrieron sus muslos y levantaron su vestido para alcanzar… Sonreí mientras la besaba de nuevo, al apreciar que no llevaba sujetador. Ambos parecíamos tener prisa por despojar al otro de su ropa. No sé ella, pero a mi, no llegaba la hora de poder recorrer su piel.

Una vez en pelotas la llevé en brazos hasta mi cama. Allí la dejé tumbada, amasé sus pechos, los besé, mis labios bajaron por su vientre y cuando se fueron acercando a su pubis… escuché un sonido extraño. Alcé la mirada por encima de su cuerpo y me di cuenta de que se había dormido. Miré de nuevo su sexo y de nuevo su rostro – No… joder…

Me aguanté la tentación y las ganas. No quería que me acusaran de violación o algo así, la tele está llena de mierdas de esas. Resoplé y me fui al baño para darme una ducha fría, mañana sería otro día, y quien sabe...

Junio 2017

domingo, 11 de junio de 2017

Vecinos II


De vez en cuando me regalo un fin de semana. Cuarenta y ocho horas de no hacer nada. Bueno, siempre hay algo que hacer o uno moriría de hambre. Pero si con el teléfono móvil aparcado, televisión encendida y que impere la ley del mínimo esfuerzo. Una vez al mes, es algo que te recarga las pilas.

Uno de mis pecados es automedicarme con un par de copas y aprovechar esa falsa euforia que provocan. Quizá para no pensar demasiado en las cosas que me faltan. O quizá, simplemente, para pasarlo bien.

Iba a por la segunda “Clonk, clonk” sonaron los hielos en el fondo del vaso. Entonces escuché algo que me llamó la atención. Es curiosa la acústica del patio, que hace que lo de enfrente se oiga todo. Me quedé quieto y afiné el oído. ¿Sollozos, lamentos? Me acerqué a la ventana.

Allí estaba aquel gato, seguro que ya se le había escapado de nuevo a la del tercero. Debía de estar en celo o algo. Me fijé en el interior de la ventana de enfrente. Allí estaba la vecina. Vestida, es lo primero que lamenté. Lo que desde aquí no podría apreciar, era si habían lágrimas, pero si la escuché sorber por la nariz, de lo que deduje que la que maullaba, quiero decir, la que lloraba era ella. Fue solo un momento ya que desapareció de mi ángulo de visión.

Aún sigo sin saber muy bien porqué lo hice. Bueno, seguramente la primera de las copas me dio un empujoncito. Agarré una de las flores que me trajo mi madre en su última visita. Siempre me trae alguna cosa. Insiste en el que el piso es soso y que faltan detalles. - Paparruchas - me digo yo. Pero me toca aceptarlas por no hacerle un feo. Además, cuando vuelve, si no lo ve, se siente ofendida.

Total. Agarré la flor, la colgué del tendedero con un par de pinzas y corrí el hilo para acercarla hasta su ventana. Me quedé mirando mi obra maestra y pensé - Muy bien, listo. ¿Y si no se le ocurre tender hasta dentro de dos días? Verá un puto tallo marchito y pensará que tiene un vecino que está mal de la regadera. Vale, pues carraspearé para llamar su atención... No. Cantaré... peor. Joder, pues lo dejo estar, y si mañana aún está la flor en el mismo sitio, la recojo y aquí no ha pasado nada.

Me sonreí a mi mismo y seguí con mi conversación interior – Ya sabía yo que eres un tipo listo. Ala, al sofá y a relajarse un rato – Cogí la bebida y marché en dirección a la poltrona.

Unas minutos después “Ding, dong” Sonó el timbre. Me quedé mirando en dirección a la puerta desde mi posición, plantándome que hacer. Al final me puse una camiseta y me acerqué a la puerta para abrir.

Tuve que parpadear dos veces. Aquí delante de la puerta estaba la vecina. Llevaba un vestido negro, ajustado que marcaba todas sus curvas. La mayor parte de sus piernas también quedaban al descubierto más abajo.

“¿Todo esto por la flor?” Pensé mientras sonreía. Pero tenía algo tintineante en las manos, mis llaves. La sonrisa se me borró un poco – Ah… ¿Y el cartel de pueden pasar a robar también lo he dejado fuera? - Miré mi puerta desde afuera, para dar más énfasis a la broma que brotó de mis labios con facilidad. Como si eso fuese a mejorar la situación. Ella hecha un pincel y yo un desastre. Aún así había algo misterioso en su mirada.

Se quedó parada. Con una copa me atrevía a hacer alguna cosa, con dos ya no tenía frenos - ¿Quieres entrar y tomarte una copa?

Comenzó a balbucear alguna excusa, pero yo insistí. Se miró el reloj y… Joder, aceptó.

06/06/2017

Ella... - pinchar aquí -