domingo, 15 de octubre de 2017

En la fría Navidad



Aquel año aprendió lo frías que podían ser las Navidades. Y eso que al principio no lo parecían.

Risas, amigos, el amor… Todo parecía un sueño hasta que de pronto se torció. Un gesto sin importancia acabó en enfado, el enfado que podría haber quedado en nada, se convirtió en silencio. En distancia. La amargura no tardó en hacer acto de presencia.

La noche que tenía que haber sido de risas se convirtió en el más grande de lo nudos en el estómago. Ya nada podía salvar la noche, solo quedaba dormir.

A la mañana siguiente recibió una llamada. Para hablar. Era lo justo, él estaba dispuesto a disculparse. Ella insistió en ir a su encuentro. Él aceptó. En cuanto vio su rostro, supo que no pintaba bien. Cara desmaquillada y de haber dormido poco. Se preparó para la fatal noticia.

Puso cara de compungido - ¿Si? - Y esperó la sentencia mortal.

Ella suspiró. Lo miró a los ojos, con lágrimas al borde de sus párpados. Le dijo… - Estoy embarazada 

30/08/2017

domingo, 8 de octubre de 2017

Un segundo



Su madre sermoneándole, es su primer recuerdo. Tan borroso como una vieja fotografía que se deshace en las manos, convirtiéndose en polvo. 

Acariciando a un perrito. Momento en el que confiado con su padre, visita a sus familiares. El olor a naftalina de la ropa de su abuela. 

Travesuras con su primo. Incluso alguna gamberrada. Ruborizarse por la mirada de una chica. 

El primer orgasmo. El primer amor. Un beso bajo la lluvia. Cuando la lluvia no importa, es que algo especial ocurre. 

El frío que cala los huesos en el hospital. El peor vestirse, negra ropa y negra el alma por el luto. 

Las campanas de la boda. El llorar de un niño. Ilusión y viajes. Gritos y llantos. Alma desgarrada. 

Un nuevo amor. Retos y superación. Encontrarse a uno mismo. 

Las canas, el frío en los huesos, no perder la ilusión.

Los nietos, la familia, las charlas al sol del invierno, la compañía.

Y ahora en el lecho de muerte, sonríe al ver todo esto pasar ante sus ojos. ¿Cómo no hacerlo? Tan preocupado que estaba por este momento, creyendo que sería amargo… Y ahora se da cuenta, satisfecho, que no fue una vida perfecta, pero fue la suya. Digna, y puede decirse que… Mereció la pena.

29/08/2017

lunes, 2 de octubre de 2017

Femme Fatale



Una mano femenina se posó en su hombro. Se giró para verla. Portaba uno de esos sombreros enormes, negros, con un velo que cubría su rostro. Al otro lado: una peca, unos labios con mucho carmín y una afilada sonrisa. De la que es conocedora del poder que ejerce a cuanto rodea. Tan frágil, y a la vez tan poderosa.

Un largo vestido negro, ajustado a su sinuosa silueta marcaba todas sus curvas, hasta las más pequeñas. Existen acantilados menos peligrosos.

El detective se estremeció. Consciente de que no podría ofrecer resistencia alguna. Por ella vendería su alma al diablo, esperó en silencio, sin aliento.

A ella pareció agradarle la visible turbación que causó en el hombre. Su sonrisa se amplió. Entreabrió los labios, pestañeó – Detective – Dijo al fin, con voz seductora - ¿No se acuerda de mi? Lo visité el año pasado, en el hospital – Aguardó unos segundos antes de seguir hablando – Me dijo que tenía que solucionar ciertos asuntos, que necesitaba más tiempo antes de entregarse a mi... 

La mujer levantó su velo, acarició el rostro del hombre. Sus labios eran tan atrayentes… - Ya no puedo esperar más - Lo besó. Como dos enamorados, como quien ya conoce a la perfección al otro y unen sus almas en ese gesto tan íntimo.

El detective no hizo nada por resistirse, y aunque había comprendido, se entregó totalmente. Aquel beso que le quitaba el aliento. Y vaya que se lo quitó, su corazón quedó paralizado y su cuerpo inerte cayó al suelo.

28/08/2017

domingo, 24 de septiembre de 2017

Diario de a bordo



Día 14

Llevamos dos semanas atrapados en el hielo del ártico. Se nos acaban los víveres. Ya no sabemos que hacer.

Al menos el propio navío nos ofrece refugio. Pero nuestra situación es desesperada. Los compañeros han comenzado a escribir cartas de despedida. Se despiden de sus familiares, con la esperanza de que algún día nos encuentren, y aunque muertos, puedan saber de nuestro final.

Supongo que estas letras son mi despedida. Soy el capitán y el peso de la responsabilidad me ahoga. No me han echado nada en cara. Pero no puedo evitar pensar, que tal vez, con un rumbo distinto, todo hubiese sido distinto.

Tengo una pistola, y la habría usado para quitarme la vida. Pero no quiero fallar a los míos, dejarlos colgados sin luchar. El capitán ha de ser siempre el último en abandonar el barco. No puedo fallar a los míos.


Día 19

Hemos encontrado el cuerpo de Fer. Fue tan insensato de salir solo para intentar cazar algún oso polar. Pobre, al menos ya descansa en paz.


Día 23

Rob y Sal han caído en una grieta. Iban atados con una cuerda, pero el peso de uno arrastró al otro. Oímos lamentos de uno de ellos, pero no tenemos modo de rescatarlo. En mi mente aún oigo los gritos, creo que me voy a volver loco.


Día 24

Los gritos han cesado. Descansen en paz.


Día 27

Me siento agotado. Ya casi no tengo fuerzas para escribir. Tan sólo quedamos Jua y yo. Vamos a echar a suertes quien se suicida. El otro comerá su carne. Pero no puedo permitir que él pierda. Voy a usar la pistola, llegó el momento, estoy preparado. Espero que me perdone mi familia y que Dios se apiade de mi alma. Ojalá Jua tenga una oportunidad.

...
...

Jefe de operación de rescate.

Encontramos el navío. Los restos mortales del capitán en su camarote. Presenta una herida de bala en la cabeza. En la bodega el cuerpo de Jua, se ahorcó con una cuerda. Por lo visto ambos se suicidaron para ayudar al otro, desconociendo la decisión del otro. Si tan solo hubiesen resistido un día más...

10/08/2017

domingo, 17 de septiembre de 2017

La soledad


La soledad, la soledad. Que fácil se escribe, pero que difícil es entender en profundidad su significado. Me río yo de los que dicen que se sienten solos entre la multitud ¡Dadme esa multitud a mi! Ojala la tuviese para no volverme loco. Creedme si os digo, que me bastarían cinco minutos para entablar amistad con alguien. ¿Acaso no buscamos todos lo mismo?

La soledad. Después de haber pasado por amigos imaginarios, haber tenido conversaciones conmigo mismo ¿Qué me queda? Solo la locura. Hablo con todo, con las piedras, con las plantas, con el mar. ¿Me creeríais si os digo que el mar habla? ¡Ya lo creo! Ruge cuando está enfadado, tiembla de frío cuando llueve y susurra pícaro cuando está en calma.

Los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses. He perdido la noción del tiempo. ¿Acaso no estuve aquí una eternidad? ¿Y el destino? El destino es cruel. Hoy he recibido una carta, venía dentro de una botella, el mensaje que contenía lo mandó algún naufrago hace años. Ojala pudiese ayudarle. Ojala pudiese comunicarle con él y decirle, que no se moleste en escribir con su propia sangre. Que esa botella le sería cruelmente devuelta unos años después.

07/06/2017

domingo, 10 de septiembre de 2017

Historias incompletas


Un señor por la calle, paseando un perro. Nada raro ¿Verdad? ¿Y si te digo que al día siguiente, a la misma hora, hace lo mismo? Menos aún, debe de ser su rutina. Como este, podía dar muchos ejemplos, gente que a la misma hora hace lo mismo. Como un instante congelado en sus vidas.

Un pobre rebuscando en los contenedores de la basura. Una mujer que a duras penas puede levantar la persiana de una tienda para comenzar a preparar las cosas. Un grupo de señoras mayores que tratan los temas más sórdidos en el mismo vagón del metro. No era nada difícil enterarse que todas trabajaban como limpiadoras, y una de ellas, bajaba siempre en la misma estación, antes que las demás.

Hasta el día que se me olvidó poner el despertador y salí disparado de la cama, hacía tarde al trabajo. Lo que no esperaba encontrarme, era con la continuación de aquellas historias. Esos instantes congelados eran más bien películas que se repetían una y otra vez.

Me encontré con el señor que paseaba el perro en el parque, donde lo soltó, para que el animalito estirase las patas. 

El pobre del contenedor, que salía de la tienda que había abierto la mujer, con una cartón de vino barato. 

Pero lo más extraño, es que vi a la señora mayor que bajaba antes, esperando el metro en sentido inverso, de vuelta. Aquello me dejó intrigado, pero ahí quedó la cosa, almacenado en algún rincón de mi memoria.

No fue hasta unos meses después, el día en el que el sótano en el que trabajo quedó inundado y nos mandaron a casa, cuando vi la tercera parte de aquella historia. La misma señora, la que hacía unos minutos venía hablando de las ganas que tenía de que fuera viernes y lo duro que es el trabajo de limpiar. Hablando con otras señoras, de las ganas que tenía de que fuera viernes y de lo duro que es trabajar... en un almacén de frutas.

14/05/2017